Insuficiencia renal en gatos – Causas, síntomas y esperanza de vida

La insuficiencia renal en los gatos o el fallo renal crónico es una de las patologías más habituales en los gatos de edad avanzada. Normalmente, esta disfunción evoluciona paulatinamente conforme se van agravando los síntomas de la enfermedad.

La velocidad a la que avanza la insuficiencia renal en un gato va a depender de cada espécimen y varía notablemente de un animal a otro. Su detección precoz es muy importante. Los buenos cuidados y un tratamiento adecuado pueden conseguir que el felino goce una mejora en su calidad de vida. Incluso se puede llegar a retardar el avance del mal, lo que consigue dilatar la esperanza de vida de la mascota.

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Causas de la insuficiencia renal en los gatos

El fallo renal crónico es la consecuencia de un mal funcionamiento de los riñones durante mucho tiempo. La enfermedad es irreversible e impide que estos órganos puedan ejercer sus funciones con normalidad, por lo que el cuerpo del gato afectado no consigue el filtrado y la eliminación de las impurezas de la sangre.

Normalmente, no se tiene un origen claro de la patología y en las biopsias realizadas solo se encuentra una transformación de los tejidos normales en fibrosos, acompañada de la hinchazón del órgano.

Lo cierto es que estos síntomas también se asimilan a otras muchas dolencias como la pancreatitis en los gatos. Sin embargo, existen ciertas evidencias de que nos encontramos ante un caso de esta afección renal:

• Poliquistes en los riñones. Afectan, sobre todo, a las razas exóticas. Los quistes van reemplazando el tejido sano.

• Tumores, como los linfomas, que acaban produciendo un fallo renal severo.

• Infecciones de la vejiga que llegan a afectar a los riñones.

• Cuestiones genéticas, inflamación continuada, elementos tóxicos…

No obstante, en la mayor parte de las ocasiones, es imposible averiguar la causa principal de la insuficiencia renal del gato. Las actuaciones médicas se realizan en función de cuadros sintomáticos. En los pocos casos en los que se determina la causa del fallo, se intenta un tratamiento para intentar detener el avance del daño.

El fallo de los riñones puede ocurrir en cualquier gato. Sin embargo, es más probable detectarlo en animales de mediana o avanzada edad. Es más común cuanto más mayor es el gato. A partir de los 15 años, aumentan mucho las probabilidades de que la mascota pueda padecer esta dolencia.

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Sintomatología del fallo renal en los gatos

Nos encontramos ante una patología que se desarrolla muy lentamente. No obstante, en algunos pacientes, los síntomas llegan de pronto y sin avisar. La mayoría de ellos se debe a la acumulación de toxinas en la sangre.

La sintomatología más frecuente es que el gato con insuficiencia renal no quiere comer, con la consiguiente bajada de peso. Además, las mascotas aquejadas suelen presentar síntomas de deshidratación, aletargamiento y conductas depresivas.

Si tienes un gato con fallo renal, notarás que bebe mucha agua. La causa es que no consigue retener los líquidos, ya que no es capaz de concentrar la orina. También puedes notar que el pelaje se deteriora, vomita, tiene halitosis y aparecen ulceraciones en la boca. Por lo general, el animal da la sensación de encontrarse muy débil. Con el tiempo, toda esta sintomatología empeora.

El riñón es necesario para un sinfín de funciones corporales. Esta es la razón por la que la insuficiencia renal en los gatos va acompañada de innumerables complicaciones: bajadas de potasio, elevación de los niveles de fósforo, acidosis, hipertensión arterial, anemia…

Sin embargo, estos síntomas no son definitorios, ya que coinciden con los de otras enfermedades. Solo se puede diagnosticar gracias a una analítica completa de sangre y orina. Poniendo especial atención en la concentración de urea y creatinina, además de comprobar si la orina está poco concentrada.

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Tratamiento de la insuficiencia renal en los felinos

Si se tiene la fortuna de detectarse la causa concreta que está produciendo el fallo en los riñones, se aplicarán tratamientos para la causa, en concreto. Sería el caso, por ejemplo, de una infección de riñón.

Desgraciadamente, en la mayoría de los gatos, no se suele averiguar cuál es el detonante de la enfermedad, por lo que el veterinario solo puede guiarse a través de la sintomatología.

Es habitual que la mascota afectada precise, en un principio, una terapia de fluidos por vía intravenosa. De este modo, se pueden paliar los efectos de la deshidratación y problemas con el nivel de electrolitos.

Cuando se consigue que el animal quede estabilizado, todos los recursos se concentrarán en perseguir que la función renal se mantenga y no haya complicaciones.

El gato tendrá que ser vigilado y sometido a chequeos continuos: toma de tensión arterial y análisis de sangre y orina. Así se podrán paliar las complicaciones que acechan: anemia, potasio bajo, fósforo alto, infección de orina y tensión arterial elevada.

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Insuficiencia renal en los gatos y esperanza de vida

Desgraciadamente, con esta enfermedad un gato puede parecer estar sano. En el momento en el que se manifiestan los síntomas, un 75 % de los riñones puede estar dañado. A partir de los diez años, la probabilidad de que un gato padezca insuficiencia renal es del 10 %. Esta cifra sube hasta el 30 % en los gatos de más de quince años.

La esperanza de vida va a depender muchísimo de la edad del felino y de las causas de la enfermedad, así como del estado en el que se ha detectado. Es importante que, a partir de los ocho años, se les someta a exámenes médicos periódicos, con el fin de detectar anomalías lo antes posible.

En animales muy mayores, cuando se detecta la enfermedad, suele encontrarse en un estadio muy avanzado, con lo que ya hablamos de insuficiencia renal de gatos en fase terminal. De todos modos, si se consigue un diagnóstico preciso, se pueden paliar las consecuencias y es posible ofrecerles años con buena calidad de vida.

En cualquier caso, debemos prestar mucha atención a la dieta de estos animales aquejados por la enfermedad. Por lo general, un gato con insuficiencia renal no quiere comer. Pero hay que animarle a hacerlo.

La dieta es vital, en estas circunstancias. Debemos estar atentos a la cantidad de agua que bebe, ya que las probabilidades de deshidratación son muy elevadas. Puesto que los felinos extraen la mayor parte de líquido de la comida, lo más conveniente es administrarles comida húmeda, en vez de pienso seco.

Hemos de ser conscientes de que hablamos de un mal funcionamiento de los riñones, por lo que su comida debe ser baja en proteínas. La razón es simple: la mayor parte de las toxinas se produce por la descomposición proteica. Así que los alimentos bajos en proteínas le producirán menos concentración de toxinas.

No obstante, hay que ser cautos a la hora de reducir la cantidad de proteínas, ya que esto acabaría por hacer que el gato perdiera mucho peso. Lo mejor es huir de la alimentación casera y optar por comida específica para gatos con insuficiencia renal.

También será normal que el veterinario aconseje una dieta baja en fósforo o la administración de elementos que reducen su absorción.

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Tratamientos alternativos en la disfunción renal de los gatos

Además de la dieta idónea, como ya hemos visto, los gatos con esta enfermedad corren el riesgo de padecer deshidratación. Es aconsejable que se administre agua a través de distintos bebederos para mascotas e incluso que esta se enriquezca con sabores: pollo, pescado… Lo necesario para inducir al gato a que beba lo suficiente.

Cuando el riesgo de deshidratación es demasiado elevado, es posible que el gato precise la administración de suero intravenoso. Este tratamiento lo hará el veterinario, aunque, en los gatos con la enfermedad muy avanzada, se permite que el propietario sea adiestrado para que pueda llevar este tratamiento en casa.

Es habitual que también se esté pendiente de suplementar la dieta con potasio, puesto que los niveles suelen bajar sustancialmente. Se le puede administrar al felino por vía oral, en pastillas o polvitos que se añaden a su ración de comida.

Posiblemente, también le sea recetada alguna medicina para tratar la hipertensión. De no ser así, la tensión arterial alta podría producir ceguera, desprendimiento de retina e incluso más daño a los propios riñones.

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Como, por lo general, el gato con insuficiencia renal no quiere comer, acaba teniendo un alto índice de anemia; que, a su vez, contribuye a que el animal esté más aletargado y débil. Puede ser que el consejo del veterinario sea la suplementación de la dieta con anabolizantes, hierro y hormonas, para estimular la producción de glóbulos rojos.

Desgraciadamente, en un alto porcentaje de los gatos con insuficiencia renal, el fallo de los riñones es inevitable. No obstante, hemos de recalcar que la enfermedad avanza según el gato y con tratamientos adecuados podemos mejorar muchísimo la calidad de vida.

Recordarte que este artículo es sólo informativo y cualquier preescripción debe estar siempre supervisada por un veterinario, así que si detectas que tu gato no está bien, siempre te recomendaremos que te pongas en sus manos lo antes posible. Recuerda que una detección precoz de la insuficiencia renal en los gatos, es vital para su bienestar.

 

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