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Leyenda Oriental de la Gata Carey

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En los tiempos antiguos del Oriente, donde las historias brotaban de las flores de cerezo y la magia estaba tejida en cada hebra de seda, surge una leyenda de la gata carey.

Y es que esta es una historia sobre las gatas carey, de origen oriental, muy especial y emotiva.

Ven y viaja por el valle de Iya, en la misteriosa isla de Shikoku, y descubre cómo una pequeña gata transformó para siempre el destino de una aldea.

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El Valle de Las Sombras Largas

En el remoto valle de Iya, las montañas se alzaban majestuosas y los ríos murmuraban historias antiguas. Pero, pese a su belleza, el valle tenía un peculiar problema: el día parecía eternamente corto y la noche, infinitamente larga. Sus habitantes, con ropajes de colores tenues, anhelaban la luz del día.

El eterno baile del Sol y la Luna

Se contaba que en tiempos antiguos, el Sol y la Luna danzaban juntos en el cielo, iluminando con equilibrio el valle de Iya.

Pero un desacuerdo los separó, y la Luna, herida en su orgullo, decidió reclamar el cielo para sí, sumiendo el valle en una profunda y larga oscuridad.

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El nacimiento de la gata carey

En una casa tradicional, con paredes de papel de arroz y techo de tejas, nació una gatita con un pelaje extraordinario.

Sus colores variaban desde el profundo negro de la tinta hasta el anaranjado de las linternas, con matices plateados que recordaban a la luna llena. Los aldeanos, maravillados, la llamaron Nela.

El destino Iluminado en la leyenda carey

Conforme Nela crecía, se dio cuenta de que tenía una misión: unir nuevamente al Sol y la Luna.

Todos los días, desde el tejado de su hogar, cantaba melodías antiguas y brillaba con una luz especial, intentando llamar la atención de los astros.

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El canto de la gata carey y el reencuentro

Una noche, mientras Nela maullaba bajo un viejo cerezo en flor, la Luna descendió, atraída por la luz de la gatita.

Nela, con gracia y delicadeza, le relató sobre el sufrimiento de los habitantes de Iya y de cómo ansiaban la luz del Sol. La Luna, emocionada, derramó lágrimas luminosas sobre el pelaje de la gata Nela.

Entonces, el resplandor de esas lágrimas atrajo al Sol, que no pudo resistirse a acercarse.

Al encontrarse, los dos astros recordaron su cariño mutuo y, viendo el valle a través de los ojos brillantes de Nela, decidieron volver a danzar juntos en el cielo.

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El nuevo amanecer en el Valle de Iya

Gracias a Nela, el valle de Iya volvió a disfrutar de días soleados y noches serenas. Como muestra de gratitud, el Sol y la Luna concedieron a las gatas carey el don de llevar en su pelaje los colores del día y la noche, y la capacidad de traer luz y esperanza a dondequiera que fueran.

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Así que, si alguna vez te adentras en las montañas de Shikoku y encuentras una gata carey o una gata tricolor, no olvides sonreír y darle las gracias.

Puede que, en sus ojos, veas el reflejo del eterno baile del Sol y la Luna, y sientas la magia de Nela envolviéndote.

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¿Conocías esta bonita historia de las gatas carey? ¿tienes una carey en tu vida? pues nos encantaría que compartieras tu experiencia de estas gatas en los comentarios y si te ha gustado, compartas la leyenda a los cuatro vientos, para que todo el mundo sepa lo especiales que son estas gatas!

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