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Pif en gatos o Peritonitis felina: Una enfermedad infecciosa muy seria

9 julio, 2018

Bajo la pif en gatos se encuentra la peritonitis infecciosa felina, una de las enfermedades de consecuencias más drásticas para el animal. Este mal tiene su origen en un coronavirus felino muy habitual en los gatos.

Generalmente solo provoca algunos síntomas molestos del aparato digestivo, como una diarrea leve autolimitante. Pero en algunas ocasiones, ese virus realiza un proceso de mutación dentro del animal afectado. Precisamente esa mutación vírica es la causante de la peritonitis en gatos.

Cuáles son las fuentes de contagio de un coronavirus

Este coronavirus es prácticamente universal entre los felinos. De hecho, su transmisión y propagación resulta habitual en los sitios en los que los animales comparten ubicación. Algunos veterinarios se han atrevido a ponerle cifras al número de gatos domésticos que padecen la infección: entre el 25 % y el 40 %.

Este número se dispara en el caso en que los gatos convivan en casas con muchos ejemplares, en albergues y en criaderos. El coronavirus entonces está presente entre el 80 % y el 100 % de los animales.

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El virus de la peritonitis felina se encuentra en las heces del gato infectado. Otros gatos quedan contaminados cuando lo ingieren mientras se asean o al momento de comer. La mayoría de los felinos que padecen la infección evacúan el coronavirus durante un lapso de tiempo variable.

Es importante saber que un felino afectado por la peritonitis en gatos puede volver a coger la infección por el contagio de otro ejemplar afectado. De nuevo comenzará a expeler el virus.

El pif en gatos es causado por el coronavirus. No obstante, esto no significa que la enfermedad se desarrolle. De hecho, una comparativa permite comprobar que son muy pocos los ejemplares que padecen la enfermedad. El animal solo se verá afectado por la peritonitis felina en los casos en los que el virus sufra una mutación.

Cuál es la causa de la mutación del virus del pif en gatos

No se tiene una explicación concreta para la mutación vírica. Parece que algunas razones influyen a la hora de que el virus mute. La mayor parte de los casos en los que el contagio acaba en pif son gatos muy jóvenes.

Además, ante un comportamiento de inmunidad deprimido, someter al animal a situaciones estresantes también parece influir: un cambio de ubicación, el proceso de castración, una vacuna, la presencia de enfermedades convergentes… Todos estos factores afectan más a gatos jóvenes.

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No obstante, la peritonitis infecciosa felina afecta a animales de cualquier edad y no se acaba de encontrar una evidencia del porqué. Se barajan incluso cuestiones genéticas. La razón es que esta infección se detecta más en gatos de pura raza.

Cuáles son los síntomas de la peritonitis felina

La mutación del coronavirus puede presentar un cuadro clínico muy diverso. Es la razón por la que no existe una lista de síntomas característicos de esta dolencia.

Tal vez lo más habitual del pif en gatos se encuentre en la versión más usual de la patología. Se llama pif húmedo y hace que se acumule un fluido ceroso en la cavidad abdominal o torácica. En el primero de los casos el gato sufre una distensión de abdomen, en el segundo puede acabar con un derrame pleural y dificultades respiratorias.

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No obstante, son muchos los casos con pif que cursan sin esta sintomatología. Resulta difícil realizar un diagnóstico temprano de la enfermedad. Los síntomas suelen ser muy indeterminados e imprecisos, entre ellos podemos observar un estado más aletargado y menos ganas de comer.

Hay que estar atentos, porque el pif en gatos también puede conllevar problemas de inflamación ocular que acaba en uveítis. Otro signo, no determinante, afecta al sistema nervioso y se traduce en una forma de caminar muy determinada, como si el felino tuviera temblores. Lo más pesaroso es que el estado del gato puede empeorar con mucha rapidez y terminar con el peor de los desenlaces.

Cómo hacer un diagnóstico de la peritonitis felina

La verdad es que, como todo con esta enfermedad, la diagnosis es muy complicada. Lo cierto es que no existe una analítica capaz de confirmar el pif. Lo único que puede corroborar la sospecha es biopsiando tejido dañado. Pero, para cuando el gato presenta síntomas, la enfermedad suele estar muy avanzada como para someterlo a una biopsia. Solo queda poder examinarlo tras su muerte y realizar el diagnóstico a posteriori.

De todos modos, si se tiene la creencia de que una mascota padece peritonitis felina, hay que acudir al veterinario enseguida. El médico lo examinará en profundidad e incluirá el examen ocular y del sistema nervioso. Hay que tener en cuenta que esta afección precisa de muchas comprobaciones. Cuantos más indicios coincidan con los que se padecen con el pif, la posibilidad de que se trate de esa enfermedad se multiplica exponencialmente.

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Si el gato acumula líquido en las cavidades pleural y/o abdominal, lo más útil es analizar esos fluidos. Si la cantidad de líquido es muy pequeña, se puede realizar una radiografía o una ecografía. Este es el modo en el que se pueden descubrir pequeñas muestras de fluido acumulado en las cavidades.

Ni siquiera con la presencia de ese líquido amarillento es posible confirmar que se trata de una peritonitis infecciosa felina. Otras enfermedades como la leucemia felina o la inmunodeficiencia felina pueden también presentar parte de esta sintomatología. De todos modos, su presencia en las cavidades hace que la diagnosis sea más factible.

Lo más normal es que se llegue al diagnóstico a través del descarte de otras enfermedades, entre otras cosas. La analítica de sangre puede encontrar otras causas del mal que aqueja al gato. Pero también puede descubrir ciertas perturbaciones afines al pif.

Aun así, hasta que no biopsie, el veterinario se tendrá que basar en suposiciones: linfocitos bajos, anemia, demasiada proteína plasmática, alto rango de bilirrubina en sangre… Por si todo esto no fuera ya lo suficientemente difícil, muchas de estas anomalías suelen ser indetectables en los primeros estadios de la enfermedad.

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El mal es incurable y el desenlace es fatídico. Existe una vacuna pero viene precedida de opiniones médicas completamente opuestas. Lo mejor que se puede hacer para prevenir el pif en gatos es tenerlos en casa y convivir, como mucho, con una colonia de unos cinco ejemplares controlados. Y por último, evitar las situaciones de estrés, como el cambio de casa.